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El primer paso en la creación de un objeto en metal es la transformación del material en su forma más pura. Como alquimista y orfebre, debo combinar los materiales en sus justas proporciones, reconociendo la tierra que los formó, y así mismo los planetas y las estrellas que marcaron su desarrollo. Sigo un protocolo antes de empezar el proceso en el que repito una oración, pidiendo la asistencia de mis ancestros ya que este es un trabajo demasiado grande para realizar en soledad. Debo enfrentar el material con valentía, cuidado, amor, y sobre todo humildad. Como escultora trabajando con plata, oro, cobre, bronce, hierro y acero, considero mis piezas como talismanes portadores de protección y sanación. Reconozco la importancia del objeto ritual como un puente entre lo intangible y lo material.

El aprendizaje corporal y directo que he recibido de mis maestros artesanos ha sido para mí la forma más eficiente y significativa de entender la naturaleza del material y de las técnicas artesanales/ artísticas ancestrales. La transmisión directa del conocimiento, como la tradición oral, tiene un valor imprescindible en un mundo donde la tecnología ha hecho de la comunicación y la información un proceso fácilmente asequible. El aprendizaje a través de la observación y la repetición ha sido crucial en el desarrollo de mi práctica artística. El entrar en la escucha de la cadencia de los sonidos que generan las herramientas sobre los materiales es similar al proceso de aprendizaje de una lengua nueva.

Al dominar una lengua se domina la cadencia de ésta y los sonidos específicos que la distinguen. Aprendiendo a través de la observación meticulosa, pude presenciar la forma a través de la cual el maestro se relaciona con el buril, con el metal, con el hilo. Es una simbiosis entre las manos, el cuerpo, la mente, el espíritu y el material que toma años en desarrollarse a través de un paciente cultivar, se genera una danza, un ritual que queda impreso en la memoria del cuerpo del artesano/a.

Fabricando Valentina Figueroa
Fabricando Valentina Figueroa

El trabajo hecho a mano nos recuerda la importancia de permanecer en contacto con la materialidad de nuestro cuerpo. Nos conecta con los ritmos naturales de la tierra. Cada golpe del martillo se asemeja al ritmo del palpitar de la tierra, cada puntada es semejante al ir y venir de las mareas. La tarea de darle vida a un objeto encapsula una dimensión espiritual que está conectada con la fuente de vida, o la energía creadora. La materia no existe por si sola, pero está conectada con una fuente universal pulsante de vida. De esta manera, una forma material primero existe en una dimensión espiritual para luego ser materializada.

Fabricando Valentina Figueroa
Fabricando Valentina Figueroa

Como buriladora y tejedora, trazo una línea en el tiempo. Co-creo con esta energía de vida y continúo así lo que mis ancestros comenzaron desde un principio y han transmitido por generaciones. En un acto ritual trazo los diseños, motivos, y símbolos de la tierra en la que nací. Las líneas escritas por los ancestros en las rocas de esta tierra son aquellas que funcionan como guías para nosotros continuar trazando para las futuras generaciones. Cada puntada es un punto en el tiempo y un pensamiento que deja relatos impresos. Así como el metal tiene la capacidad de conducir y retener memoria, así mismo el algodón es un material conductor, magnético.

buriladora y tejedora
buriladora y tejedora

El proceso de definirme como artista ha estado ligado a mi búsqueda de identidad, que busca manifestarse a través del uso de la intuición en el contacto con los materiales y las técnicas que en el tiempo he desarrollado.

Bibliografía

Taylor, Diana. The Archive and The Repertoire: Performing Cultural Memory in the Americas. Duke University Press, 2003.

Maracle, Lee. “Memory Serves.” Oratories, edited by Smaro Kamboureli, NeWest Press,
2015, p. 1- 49.

De La Cadena, Marisol. Earth Beings: Ecologies of Practice across Andean Worlds. Duke University Press, 2015.